jueves, 8 de abril de 2010

frente


Y al mirarme en el espejo confirme que el monstruo de la compasión se había colgado de mi cuello y que en las noches me alejaba los sueños tranquilos, que dificultaba mi respiración en las tardes y llenaba de tristeza y ansiedad mis mañanas.
Y algunos días me instale comodamente acostumbrado a ese peso en la espalda, mirando por la ventana descociendo los colores de la cortina y cociendo los tonos grises a mi rostro los cuales coloreo el desvelo...

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Atención...

Esa pequeña voz que no escuchas se llama instinto y te ahorraria muchos dolores de cabeza ponerle de vez en cuando atención.